28. corrida de humanos
Muuuu, muuuu... Las reses mugen excitadas desde el anfiteatro de la plaza de homínidos, dispuestas a presenciar una nueva corrida de humanos. La excitación se transforma en delirio cuando por las puertas asoman finalmente los toros haciendo el paseíllo... caminan orgullosos sobre sus cuatro patas, seguidos de otros toros armados con banderillas, lanzas, machetes, cócteles molotov, un fusil de asalto AK-47 y diversos artilugios de similar tendencia... se dirigen hacia la presidencia y saludan con sus cuernos al respetable público.
Miran al cielo encomendándose a la Virgen de las Ubres Inmaculadas y se presignan marcando paquete.
El toro mantendrá a partir de este momento un diálogo y una lucha igualada con el humano, intentando someterlo y hacer de paso algo de arte con la carnicería.
Clong, clong... con un toque de cencerro se da paso al primer tercio de la corrida...
El hombre sale embravecido a la plaza, con sus ojos inyectados en sangre y amenazando con sus peligrosos bíceps y dientes.
El toro aguanta con chulería las embestidas del bípedo y lo humilla un poco con su capote.
Olé, gritan las vacas lecheras de las primeras filas. El toro se retira entre aplausos de pezuña dando paso a la siguiente suerte.
Suerte... no sé muy bien para quién...
Aparecen sobre el ruedo otros astados ataviados con sus trajes de luces horteras y con un par de ganchos diseñados con muy mala leche... provocan al fiero humano y cuando este está cerca le clavan las banderillas en la espalda. Una de ellas no se ha clavado bien y le ha atravesado la clavícula derecha.
Se oyen los primeros bufidos de desaprobación entre los espectadores vacunos.
Las primeras heridas del hombre sangrando a borbotones mitigan sin embargo un poco los deseos de visionado de violencia de las reses.
Bien es sabido que el hombre no sufre en ningún momento durante la lidia... es un animal tan bravo y tan noble que aguanta las sucesivas provocaciones acometiendo a su rival con entereza hasta el final.
La arena se va tiñendo poco a poco de rojo y el ambiente empieza a oler a sangre y a heces. Las reses se muestran agradadas...la tradición continúa.
En el último tercio el toro ejecuta la suerte suprema.
Pero esta suerte no le trae al humano una quiniela de catorce resultados ni un mes de vacaciones pagadas en Torremolinos. Por el contrario, delante de su nariz aparece un tercer toro que le muge cosas extrañas mientras le enseña su espada.
El hombre, acostumbrado como está a tropezar las veces que hagan falta con la misma piedra, aparta algo de arena con su pie descalzo, tensa sus músculos y se lanza rabioso contra el toro.
El toro intenta atravesarle el corazón en plan medieval, pero en lugar de eso le perfora un pulmón. Vuelven a acometerse el uno al otro... ahora es el páncreas el órgano ensartado, después el hígado, más tarde la vejiga...
El toro se ajusta la montera y pone cara de concentración máxima...al final acaba rompiéndole el corazón al bípedo.
Al hombre le cortan las orejas y se las entregan como trofeo al toro.
Al final, unos hombres muy mansos arrastran al difunto por toda la plaza mientras el toro sale triunfante del ruedo a lomos de la multitud.
¡El rabo, le tenían que haber dado también el rabo!
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8 Comments:
Duro, directo y simple. El maltrato animal alcanza su máxima expresión cuando los morlacos son sacrificados después de ser humillados ante esa masa de puros humeantes y pañuelos al aire.
"Alégrame el día, torero" - Siniestro Total dixit.
Me alegro de verte de vuelta por estos parajes, Santos. Nos leemos.
Salud.
Me ha gustado mucho como has invertidos los papeles... casi es como "aprendan mortales a tratar a los animales", no olviden que somos el primero de la cadena alimenticia y tambien el mas repudiado
Sublime, Santos, sublime.
me interesa tu artículo te lo cambio por un bono de solmanía en pleno centro de Valencia.
Concubina con pasaporte liberiano.
http://bombillade200voltios.blogspot.com/
Dominical El Taurus. Villapastos.
Parece ser que durante la corrida un grupo de toros, seguramente mestizos, se manifestaron en la puerta de la plaza de hominidos en contra de la fiesta que con tanto arte tenia lugar. Afortunadamente las fuerzas del orden consiguieron disolverles y las distinguidas reses que disfrutaban del espectaculo acabaron sus festejos con gran dicha.
Despues de leer tu articulo he pensado que tal vez te interese este:
http://blogs.ya.com/vallekasmagic/c_20.htm#comment_1
El mensaje es similar.
Muy bueno. Me extraña que no haya entrado ningún ultracatólico a ponerte verde por lo de la virgen de las ubres inmaculadas. De los taurinos no me extraña nada porque dudo que sepan de qué va esto de los interneses.
La fiesta de los toros tiene los días contados, como la tuvo la fiesta de los gladiadores. Tiempo al tiempo. Por una parte irán cambiando la agresividad y los instintos del toro y por otro lado la agresividad e incultura del torero. Observa que no hay toro que no embista, ni torero que no rece. Los dos actúan como animales miedosos. Al primero lo llenan de banderillas y al segundo de estampitas de vírgenes. Cuando el toro se amanse y el torero se cultive los dos se contemplarán de lejos y con respeto por la Naturaleza y por la vida. Todo es cuestión de cultura... y de tiempo.
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