31. dios no existe
Una terrible inundación en un país tercermundista...La naturaleza se ha vuelto loca y ha desatado su furia contra los más desfavorecidos. El agua lo ha arrasado todo a su paso... casas, comercios, jardines, vidas humanas... miles de muertos arrastrados por el fango.
Una mujer semianalfabeta da gracias a dios entre lágrimas y lamentos porque su hija se ha salvado de la tragedia. Sus otros siete hijos fallecieron llevados por las aguas, pero ella sigue dando gracias a dios de todos modos.
Ese dios puede guardarse para sí mismo esa clase de compasión y bondad eternas suyas y metérselas en lo más hondo de su recto infinito.
dios está en todas partes, dicen algunos...
Y mientras alzan sus manos al cielo y sonríen henchidos de dicha y de gloria eternas, rezan sus oraciones y piensan unos instantes en toda la miseria del mundo dando gracias al señor por no ser tan desgraciados como otros.
La fe cristiana es uno de los inventos más sorprendentes de la humanidad... uno puede desatar todo el mal que lleve dentro sabiendo que al final bastará con un sincero arrepentimiento para obtener el perdón divino.
dios hizo al hombre a su imagen y semejanza...
¿Por eso a mí me hizo ateo? Menuda contradicción.
¿Nací ateo o me hice ateo?
Nací ateo, como todo los seres del mundo, y con el paso del tiempo usé la razón para reforzar mis no-creencias, si es que lo obvio necesita de refuerzos.
No soy mejor ni peor persona por saber cual es mi lugar en el mundo, por tener la dicha de sentirme mortal y humano, con mis limitaciones y mis defectos, con mis momentos de gloria y mis malos momentos pasajeros... puedo vivir sabiendo que no hay nada más que la propia vida, que si estoy aquí es por accidente, por una casualidad evolutiva de ínfima propabilidad.
Creo que esta es la verdadera humildad al fin y al cabo.
¿La vida eterna? No la quiero.
Mi vida no está mal, no me quejo en realidad... he llegado a degustar la felicidad y a diferenciar sus variados sabores, creo que eso es lo importante... pero dilatar mis sensaciones a todo lo largo y ancho del infinito... buf, quita, quita.
Muchos necesitan creer en algo, pensar que la existencia no es tan corta y miserable como se muestra en apariencia... por eso hablan de fe... algo incoloro, insaboro, inoloro, indefinido... si tienes fe tienes salvación, si no la tienes provocas un sentimiento de lástima entre los creyentes.
Sienten lástima por ti y rezan a sus dioses por tu salvación, convencidos como están de lo erróneo de tus pensamientos... bueno, que hagan lo que quieran... con tal de que no vengan a venderme biblias, por mí como si me excomulgan.
Si dios está en todas partes... está también en las miserias del mundo, en los males de la humanidad, en las injusticias, en el sufrimiento...
¿Cómo se le puede considerar un ser tan infinitamente bondadoso, un supremo creador tan perfecto y detallista? ¿Cómo puede diseñar a la vez un amanecer y un huracán... un río y una epidemia... una flor y un accidente?... ¿Cómo puede concebir la risa o la amistad a la vez que permite que nazca un niño muerto o deforme?
¡Qué dios más frívolo y caprichoso, qué ser tan irresponsable y huidizo!
Dios sí existe en realidad... existe como concepto en las mentes de los que necesitan creer en algo, como una especie de bastón sobre el que apoyarse cuando las cosas se tuercen, como una excusa para acudir a la catedral el domingo y dedicar unos minutos a la meditación, bien sea para pedirle cosas al santo de turno o para relajarse dentro de la fantástica atmósfera de la iglesia.
Dios existe a su manera en cada una de esas mentes, pero cada mente tiene su propio concepto de dios distinto... siempre adaptable a las exigencias de cada cual.
Siempre existirá la religión y en el futuro, cuando quizá lleguemos a entender los misterios del universo, a dar explicación a los orígenes y a hacer mapas del infinito... seguirá habiendo adoradores del concepto religioso, evangelizando en las virtudes de ese "algo" maravilloso.
Los creyentes me resultan fascinantes... debe de ser maravilloso el simple hecho de vivir con el convencimiento de ser hijos de un ente con superpoderes.
La verdad... siento cierta envidia.
Por los siglos de los siglos, amén.






















